Una guía elaborada por la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (EEMT) junto a la Alianza por el Sueño analiza cómo afecta el trabajo por turnos al descanso y a la salud en general, y propone recomendaciones para mantener una adecuada higiene del sueño en estas circunstancias. Según este documento, alrededor del 23 % de las personas trabajadoras en España realizan turnos rotatorios, una cifra similar a la media europea, situada en el 20 %. A escala global, el número asciende a unos 700 millones de personas.

Crecen los trabajos nocturnos

La guía subraya que esta modalidad laboral ha crecido de forma notable debido a las exigencias de la economía global y al avance tecnológico. El modelo de sociedad activa las 24 horas del día se ha extendido a prácticamente todos los sectores, desde servicios esenciales como policía, bomberos o sanidad, hasta ámbitos como el transporte, los suministros básicos o incluso comercios, gasolineras y restaurantes que permanecen abiertos de manera ininterrumpida. En este contexto, dormir bien se convierte en un auténtico reto. La guía pone un ejemplo claro: quienes comienzan su jornada antes de las seis de la mañana necesitarían acostarse antes de las nueve de la noche para dormir lo suficiente, algo que rara vez es posible. Esta falta de descanso adecuado provoca una reducción del sueño REM y de la fase 2 del sueño NREM, etapas fundamentales para la memoria, el aprendizaje y la recuperación física. Como consecuencia, aparecen somnolencia diurna, dificultades de concentración y problemas de memoria.

La guía explica que el organismo funciona gracias a una compleja red de relojes biológicos circadianos, encargados de coordinar funciones esenciales y de sincronizarse tanto con señales internas como con estímulos externos, entre ellos la luz, los horarios de las comidas o la actividad física. Cuando una persona trabaja en turnos nocturnos o de madrugada, estos sincronizadores se ven alterados, y el cuerpo debe mantenerse despierto y alimentarse justo cuando su reloj interno está enviando señales de sueño, y descansar cuando, en teoría, debería estar activo. Esta inversión de ritmos provoca una desincronización conocida como cronodisrupción, que afecta al descanso, al metabolismo, a la función cognitiva y al equilibrio emocional. Los trastornos del sueño se relacionan con un mayor riesgo de alteraciones cardiovasculares, metabólicas, neurocognitivas, gastrointestinales, hormonales, reproductivas e inmunológicas.

Enfermedades y consecuencias en la salud

La guía cita estudios que muestran una mayor incidencia de ictus, enfermedad coronaria y mortalidad cardiovascular en personas con sueño irregular o insuficiente. También aumenta el riesgo metabólico, ya que se altera la regulación de la glucosa y se desajusta el apetito. A esto se suma que la falta de descanso y la disfunción cognitiva incrementan el riesgo de accidentes laborales y de tráfico, el turno nocturno eleva ese riesgo en torno a un 30 % respecto al diurno. Además, un 20 % de los trabajadores por turnos recurre a hipnóticos para dormir y un 25 % utiliza el tabaco como estimulante. En el ámbito emocional, la guía recuerda que dormir bien favorece la estabilidad psicológica, mientras que descansar poco o mal incrementa la irritabilidad, la impulsividad, reduce el ánimo y afecta a la empatía y la creatividad. Esta situación puede derivar en ansiedad, depresión, fatiga, estrés, síndrome de burnout e incluso en ideas suicidas. Los estudios citados indican que las personas que trabajan a turnos presentan un 40 % más de riesgo de depresión, una cifra asociada tanto a la alteración de la melatonina como al aislamiento social que suele acompañar a estos horarios.

En el plano individual, la guía propone medidas personalizadas que tengan en cuenta las responsabilidades y el estado de salud de cada trabajador. Entre ellas se incluyen la educación en higiene del sueño, la crononutrición, la gestión de la luz y la actividad física. También aconseja acudir a un profesional si persisten las dificultades para dormir, valorar tratamientos farmacológicos cuando estén indicados y promover hábitos de descanso regulares que prioricen el sueño en la vida cotidiana. Todo ello debe complementarse con recomendaciones de vida saludable adaptadas a cada tipo de turno. Para proteger la salud de los trabajadores, la guía insiste en la importancia de realizar reconocimientos médicos periódicos que permitan detectar desadaptaciones o patologías asociadas al trabajo nocturno. También propone medidas específicas para colectivos especialmente sensibles, así como programas de promoción de la salud y de calidad de vida laboral que incluyan la educación en hábitos saludables, situando el sueño como un pilar fundamental. Además, subraya la necesidad de formar e informar a los trabajadores sobre los efectos del trabajo a turnos y cómo reducirlos, y de mantener actualizada toda la información relacionada con su salud.