Teresa García-Barredo, fisioterapeuta respiratoria y vocal de SEPAR, explica que estos lavados son especialmente útiles en casos de infecciones respiratorias, rinitis o sinusitis, pero subraya que no solo importa el líquido que utilicemos, sino también la técnica, la presión y el dispositivo elegido.
A la hora de seleccionar la solución, la opción más versátil y segura es el suero fisiológico o la solución isotónica (0,9%). Es ideal para todas las edades porque hidrata sin irritar y facilita la expulsión de secreciones. El agua de mar es una alternativa similar que aporta minerales añadidos, siempre que sea bien tolerada. Por contra, las soluciones hipertónicas; con mayor concentración de sal, solo deben emplearse de forma puntual para reducir una congestión severa, ya que su uso continuado puede resecar la nariz, especialmente en los más pequeños.
El dispositivo adecuado para cada edad
No existe un aparato universal para todos. En bebés y niños pequeños, lo más recomendable son las jeringas o nebulizadores manuales, ya que permiten un control total sobre la presión y la cantidad de líquido, evitando molestias o lesiones. Para adultos y niños mayores, los sistemas de irrigación o duchas nasales son preferibles porque permiten un mayor volumen de arrastre. La experta insiste en que lo fundamental no es la marca, sino poder regular la fuerza con la que el líquido entra en las fosas nasales para garantizar la comodidad y seguridad del paciente.
Un error común es aplicar demasiada presión o realizar el lavado en una posición incorrecta. La forma más segura de hacerlo es con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, aplicando el suero por la fosa superior de forma suave y continua para que salga por la contraria. Tras el proceso, es importante sonarse con delicadeza. Además, se debe evitar el uso de aspiradores de mocos sin una limpieza previa y, sobre todo, asegurar una higiene rigurosa del dispositivo utilizado para prevenir infecciones.
Errores frecuentes que debemos evitar
El desconocimiento puede convertir un hábito saludable en un problema. Utilizar muy poco suero, realizar una presión excesiva o no limpiar adecuadamente los utensilios son fallos habituales que comprometen la eficacia del tratamiento. García-Barredo también destaca la importancia de que los padres se sientan cómodos y tranquilos con la técnica, ya que el nerviosismo puede transmitir inseguridad al niño y dificultar el proceso.
En definitiva, el lavado nasal es un aliado fundamental para mejorar la función respiratoria, especialmente en personas con asma o tras cirugías, pero siempre debe realizarse bajo una indicación clara o de forma puntual ante exposiciones a polvo o alérgenos. Contar con el asesoramiento de un profesional para aprender la técnica correcta es la mejor garantía para mantener nuestra salud respiratoria a raya sin comprometer el bienestar de nuestra mucosa nasal.
