La creciente demanda de soluciones contra la calvicie va de la mano de una confianza cada vez mayor en ellas, y el trasplante capilar es un buen ejemplo de este fenómeno. Así lo explica a EFE Salud Eduardo López Bran, jefe del servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos, quien señala que el panorama ha cambiado de forma radical: la demanda ha crecido a nivel general y las cifras del mercado mundial son muy elevadas.
A ese aumento de la demanda se suma el impulso de la ciencia. El propio López Bran lidera una investigación basada en células madre y en una molécula energizante que busca atajar la alopecia, en especial la androgenética, la más común, un proyecto que anunció en julio de 2025 y que espera poder completar en 2030. El especialista confía en que las investigaciones sigan avanzando a lo largo de 2026.
Más demanda de varones... y de jóvenes
Actualmente hay más demanda de tratamientos contra la calvicie porque también ha aumentado la incidencia de la alopecia, no solo entre hombres sino también entre mujeres. La alopecia androgenética es, según López Bran, el tipo de pérdida de pelo más frecuente en la población caucásica, y en España su incidencia es especialmente elevada. El especialista apunta a que factores ambientales podrían haber hecho que personas con una predisposición genética insuficiente para desarrollar la pérdida de pelo por sí sola acaben manifestándola al combinarse con esos factores externos.
Sobre el perfil de los pacientes, López Bran, también director de la Clínica IMEMA, asegura que en torno al 85% de quienes se someten a un trasplante son hombres, frente a un 15% de mujeres. Entre los varones destaca un grupo importante de jóvenes de entre 25 y 35 años que buscan actuar ante los primeros signos de calvicie antes de que se hagan visibles, y otro grupo en torno a los 50 años, o incluso mayores, que buscan rejuvenecer su imagen recuperando una apariencia capilar más juvenil. En este segundo grupo de edad, la presencia de mujeres es mayor.
Los motivos para "ponerse" pelo
Detrás de la decisión de operarse suele estar la búsqueda de una apariencia juvenil y el deseo de resistir, o al menos disimular, el paso del tiempo. Según López Bran, la casuística es muy variada, pero destacan sobre todo dos motivaciones: la preocupación que sienten tanto hombres como mujeres al notar la pérdida de pelo, y la confianza en que existe una posibilidad real de mejora gracias a los avances médicos.
El dermatólogo reflexiona que, cuando la ciencia es capaz de responder a este tipo de demandas sociales con prácticas debidamente acreditadas y demostradas, no ve inconveniente en ponerlas a disposición de los pacientes. Aun así, lanza una advertencia a los pacientes más jóvenes: la pérdida precoz de pelo no suele tener repercusión sobre la salud, pero en algunos casos sí puede tenerla, ya que implica perder parte de la protección natural frente al medio ambiente y la radiación solar.
También aclara una cuestión importante: el trasplante permite repoblar y recuperar el pelo en las zonas donde ya se ha perdido, pero no evita que continúe la pérdida provocada por la propia alopecia androgenética. Por eso, suele ser necesario un tratamiento integral que combine un abordaje médico —para frenar el avance de la alopecia y fortalecer el pelo debilitado— con la intervención quirúrgica que repuebla las zonas afectadas, ya que el tratamiento médico también ayuda a que el resultado del trasplante sea mejor y más rápido.
El día de la operación
López Bran, con 30 años de experiencia, detalla los pasos previos y el desarrollo de la intervención. Antes de operar, es necesario hacer una evaluación del estado de salud general del paciente y comprobar si dispone de una zona donante suficiente. En los hombres, esa zona ocupa toda la franja que va de una oreja a otra, y su longitud, anchura y densidad determinan cuántas unidades foliculares se pueden extraer y trasplantar. En las mujeres, la zona donante se limita a la parte central y a la nuca, por lo que el número de unidades disponibles suele ser menor.
El día de la intervención, el paciente acude a la clínica, se prepara y pasa al quirófano, donde el equipo de anestesia coloca una vía para garantizar la seguridad durante todo el proceso y administra antibiótico, analgésico y antiinflamatorios; si el paciente lo necesita, puede recibir además un tranquilizante suave por vía intravenosa. A continuación se realizan las fotografías y el diseño de la zona a repoblar, acordado previamente en consulta, y se rasura la zona donante y, en algunos casos, también la receptora.
Tras aplicar anestesia local, se infiltra suero bajo la piel para distenderla y poder realizar así un mayor número de incisiones, lo que permite extraer más unidades foliculares si la zona donante lo permite. Las incisiones se hacen respetando la dirección natural que tendría el pelo antes de haberse perdido, y a continuación se procede a la extracción de las unidades foliculares, que después se clasifican según el número de pelos que contienen y se mantienen en condiciones óptimas de humedad y temperatura para favorecer su supervivencia. El proceso concluye con la implantación de las unidades en los orificios previamente realizados, cuidando de no dañarlas, y con la puesta en marcha del tratamiento médico y el seguimiento posterior.
El especialista insiste en que una extracción correcta es fundamental, ya que extraer más unidades de las necesarias puede dañar la zona donante, un recurso que conviene preservar de cara al futuro. Actualmente, en una sesión de entre cuatro y seis horas, es posible extraer más de 4.000 unidades foliculares —lo que equivale a unos 10.000 pelos— siempre que la zona donante del paciente lo permita.
Tiempo de recuperación
El seguimiento posterior es, según López Bran, una de las fases más relevantes del proceso, ya que el trasplante capilar no ofrece resultados inmediatos. Es habitual que el pelo trasplantado se caiga a las tres o cuatro semanas de la operación y vuelva a crecer a los tres o cuatro meses. Por ello, resulta clave supervisar las unidades trasplantadas y adaptar el tratamiento de forma personalizada, dando prioridad a una correcta higiene capilar y a un tratamiento farmacológico de apoyo cuyo objetivo es evitar que se pierda el pelo no trasplantado.
En esta fase del proceso cobra protagonismo el minoxidil, el primer fármaco eficaz aprobado por las agencias reguladoras para tratar la alopecia, que sigue siendo, casi 40 años después de su aprobación, una opción terapéutica muy utilizada. También se recurre al plasma rico en plaquetas y al láser de baja intensidad, tratamientos que pueden mejorar los resultados y ayudar a frenar la caída del pelo no trasplantado.
Entre las dudas más habituales que plantean los pacientes en la consulta, López Bran menciona preguntas como si pueden usar gorra, ponerse el casco de la moto, viajar o esquiar, o si tendrán costras, inflamación o dolor tras la intervención. El especialista subraya que su equipo procura resolver todas estas cuestiones tanto en la consulta inicial como en las de seguimiento, para que el paciente sepa con claridad cómo debe cuidarse.
El futuro a corto plazo
El abordaje de la alopecia avanza con rapidez, y López Bran pronostica avances cualitativos de cierta envergadura durante este mismo año. El especialista se muestra optimista ante lo que considera una nueva era en el tratamiento de la alopecia androgenética, marcada por fórmulas de minoxidil de liberación prolongada, moléculas capaces de reactivar células madre inactivas y terapias celulares directas con células madre, avances que, en su opinión, devolverán mucho optimismo a los pacientes.
