Los expertos en educación física y deporte coinciden en que el tipo de deporte que practica un niño influye directamente en cómo desarrolla sus habilidades sociales, su gestión emocional y su capacidad para enfrentarse a la vida. El fútbol, el baloncesto o el balonmano no solo ponen en forma el cuerpo. Según Fernando del Villar, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y el Deporte de la Universidad Rey Juan Carlos, los deportes colectivos ofrecen una estimulación física más equilibrada y exigen mayor flexibilidad cognitiva: atención, concentración y toma de decisiones constante.

Pero el beneficio más valioso está en el plano emocional. Raquel Aguado, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, señala que estudios científicos demuestran que los niños que practican deportes en equipo desarrollan una inteligencia emocional más alta. Aprender a asumir un rol que no siempre es el que uno elegiría, compartir victorias y derrotas, liderar y seguir: todo eso se entrena en un campo de juego antes de que la vida lo exija de verdad.

Lo que el deporte individual desarrolla que el de equipo no puede

Practicar un deporte en solitario, como la natación, el tenis o la gimnasia, implica cargar con algo que en el equipo se reparte, la responsabilidad total. No hay compañero al que mirar cuando algo sale mal. Eso, lejos de ser un problema, forja una capacidad de autocontrol y resiliencia que Del Villar considera especialmente valiosa para afrontar las dificultades de la vida.

El precio es una mayor exigencia desde etapas tempranas. Los deportes individuales tienden a una especialización más precoz y a situaciones de presión más intensas, lo que puede generar estrés si no se gestiona bien desde el entorno familiar y el cuerpo técnico.

¿Cuál elijo para mi hijo?

Los expertos tienen una respuesta clara: antes de elegir, dejar probar. Especializar a un niño desde muy pequeño en un único deporte es, según Aguado, un error. Lo ideal es que explore, que trabaje habilidades distintas, que conozca entornos y personas diferentes, y que con el tiempo sea él quien decida.

Si hay que inclinarse por algo en las primeras etapas, Del Villar y Aguado apuntan al deporte colectivo por su componente social y por la menor presión inicial. Pero por encima de todo, remarcan, lo fundamental es que los niños practiquen deporte, sin obsesión por el rendimiento y sin cargarles con expectativas que no les corresponden. El talento puede esperar, el hábito, mejor que no.