Las precipitaciones de esta última semana han sido generosas en la vertiente atlántica pero escasas en la mediterránea, lo que explica el avance más contenido respecto a semanas anteriores. La máxima se ha registrado en San Sebastián, con 81,9 litros por metro cuadrado. En doce de las dieciséis cuencas la reserva ha aumentado, mientras que cuatro han registrado descensos leves: Galicia Costa, Tajo, Tinto, Odiel y Piedras y las cuencas internas de Cataluña, todas ellas con caídas de apenas unas décimas.

El norte, en máximos; el Segura, la excepción

Las cuencas del norte y noroeste siguen siendo las más saneadas del país. Las cuencas internas del País Vasco lideran con un 95,2 %, seguidas de Galicia Costa con un 94,2 %, Cantábrico Oriental con un 93,2 % y Cantábrico Occidental con un 92 %. En total, cinco cuencas superan el 90 % de su capacidad.

El Segura sigue siendo la nota discordante en un mapa hídrico extraordinariamente positivo. Con un 47,2 % de capacidad, es la única cuenca que no llega al 50 %, aunque el dato tiene su lectura optimista: históricamente, esta cuenca no solía superar el 30 % en estas fechas. Incluso el sur más castigado por la sequía estructural está mejor que hace un año.

Una estabilización que invita a la cautela

Tras tres meses de precipitaciones intensas que han transformado el estado de los embalses españoles, la moderación de esta última semana recuerda que la recuperación hídrica depende de la lluvia y que la abundancia de hoy no garantiza la del mañana.

Todas las cuencas se encuentran por encima del 50 % de capacidad por primera vez en mucho tiempo, un logro que ahora exige una gestión responsable del agua embalsada de cara a los meses de verano.

Lo que estos números significan para España

Hace apenas un año, buena parte del territorio español vivía bajo la amenaza de una sequía que se prolongaba sin tregua y que ponía en jaque el suministro agrícola, urbano e industrial de varias regiones. El contraste con la situación actual es tan pronunciado que cuesta asimilarlo: los embalses españoles acumulan hoy más agua que en cualquier momento de la última década, con todas las cuencas por encima del 50 % y la media nacional rozando el 83 %.

Para un país que históricamente ha convivido con la escasez hídrica y que afronta un futuro marcado por el cambio climático y la irregularidad de las precipitaciones, estos meses de lluvia son una oportunidad que no puede desperdiciarse. La abundancia actual no resuelve los problemas estructurales del agua en España, pero sí ofrece un margen de respiro para reforzar infraestructuras, revisar políticas de gestión y preparar al país para los próximos ciclos de sequía, que llegarán con la misma certeza con la que llegan las lluvias.