Los residuos más habituales son de uso diario: bolsas y envoltorios de plástico, latas, restos de vidrio y colillas. Estas últimas, pese a su pequeño tamaño, se encuentran entre los desechos más persistentes y difíciles de retirar, ya que su consumo extendido hace que muchas acaben en el suelo o arrastradas por el agua. Su alto contenido en materiales plásticos y sustancias contaminantes las convierte en un problema especialmente grave, ya que pueden tardar años en degradarse.

A estos residuos se suman pañuelos, servilletas de papel y otros elementos ligados al ocio al aire libre y a una gestión inadecuada de los desechos tras su consumo. La presencia masiva del plástico en la naturaleza no es casualidad: está directamente vinculada a su consumo masivo, su lenta descomposición y su tendencia a fragmentarse en piezas cada vez más pequeñas, los llamados microplásticos, que se dispersan con facilidad por suelos, ríos y costas y resultan prácticamente imposibles de retirar una vez liberados en el entorno.

De la colilla al neumático: la diversidad de la basuraleza

Más allá de los residuos cotidianos, en algunos puntos de la geografía española también aparecen objetos de mayor volumen: neumáticos, aerosoles, electrodomésticos u objetos domésticos que alguien decidió abandonar en plena naturaleza. Su impacto visual y ambiental se prolonga durante años y resulta mucho más difícil de abordar con campañas de voluntariado convencionales.

Los expertos señalan que la persistencia de todos estos residuos está ligada tanto a su composición como a su forma de dispersarse. Los materiales ligeros, como las bolsas de plástico o las colillas, viajan fácilmente arrastrados por el viento o el agua y pueden recorrer grandes distancias desde el punto donde fueron abandonados. Los más pesados, en cambio, tienden a acumularse en puntos concretos del terreno, formando focos de contaminación que afectan especialmente a entornos fluviales y costeros.

Una base de datos ciudadana contra la basuraleza

Toda la información recogida por los más de 13.700 voluntarios que han participado en la campaña se integra en el Barómetro de la Basuraleza, una herramienta que permite analizar la tipología y distribución de los residuos en distintos ecosistemas y mejorar el conocimiento sobre este problema ambiental. En total, la campaña ha permitido caracterizar más de 93.000 residuos, una radiografía ciudadana que apunta siempre a la misma tendencia: la presencia constante de materiales de consumo cotidiano en espacios que, en teoría, deberían estar libres de ellos.

Desde su puesta en marcha, el Proyecto LIBERA ha movilizado a cientos de miles de personas en toda España y ha contribuido a construir una de las bases de datos más completas sobre basura abandonada en la naturaleza del país, un recurso clave para diseñar políticas públicas más eficaces frente a este problema.