Entre las especies desaparecidas destacan aves, mamíferos e invertebrados cuya extinción confirma una tendencia cada vez más preocupante. Es el caso del zarapito fino (Numenius tenuirostris), un ave migratoria que durante siglos recorrió Eurasia y el norte de África y que estaba estrechamente emparentada con el zarapito trinador, aún presente en algunos humedales españoles. Su desaparición simboliza el colapso de muchas rutas migratorias tradicionales.

La lista también incluye especies menos conocidas, pero igualmente clave para el equilibrio de los ecosistemas. El Conus lugubris, un pequeño caracol marino endémico de las costas de Cabo Verde, ha sido declarado extinto pese a su importancia para la biodiversidad oceánica. Aunque su picadura venenosa lo hacía poco popular entre los humanos, los científicos subrayan su papel en las cadenas tróficas marinas.

Una crisis que golpea a todos los ecosistemas

La tragedia alcanza también a los mamíferos. La musaraña de la Isla de Navidad (Crocidura trichiura), un diminuto insectívoro australiano, no ha vuelto a ser observada desde la década de 1980 y ya se da por desaparecida. Australia, uno de los países con mayor número de extinciones recientes, ha perdido además tres especies de bandicuts, pequeños marsupiales que lograron adaptarse durante siglos a entornos extremos, pero no a la presión humana.

Más allá de estas pérdidas concretas, la UICN advierte de un escenario aún más alarmante; más de 48.600 especies están actualmente en peligro de extinción, lo que representa el 28 % de todas las especies evaluadas. Los grupos más amenazados son las cícadas, los corales, los anfibios y los tiburones y rayas, organismos clave para la estabilidad de los ecosistemas terrestres y marinos.

Según explica Catherine Numa, coordinadora del Programa de Especies del Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, las evaluaciones se basan en criterios científicos rigurosos que analizan el tamaño y la evolución de las poblaciones, la fragmentación de los hábitats, la velocidad del declive y la probabilidad real de extinción. Estos parámetros permiten clasificar a cada especie desde "Preocupación Menor" hasta "Extinta".

La actividad humana, en el centro del problema

En los últimos cinco años, 310 especies han pasado a la categoría de extintas, una cifra que, aunque influida por la intensidad de los estudios científicos, confirma una tendencia clara. "La tasa de extinción es hoy mucho mayor", advierten desde la UICN, que identifica patrones comunes detrás de esta crisis; pérdida y degradación del hábitat, especies invasoras, sobreexplotación, enfermedades emergentes y, cada vez con más peso, el cambio climático.

Todos estos factores tienen un denominador común: la actividad humana, ya sea directa o indirecta. Aun así, los expertos insisten en que todavía hay margen de actuación. "La Lista Roja no es solo un diagnóstico, también es una herramienta para orientar decisiones y prioridades", subraya Numa. Saber qué especies están en riesgo y por qué debería servir, concluyen, para actuar con la rapidez y la ambición que exige una emergencia ecológica sin precedentes.