Episodios de nieve tan abundantes como los provocados por la reciente borrasca Kristin no son habituales en España y se asocian normalmente a países de latitudes medias y altas, como Alemania o el norte de Gran Bretaña. Sin embargo, este invierno se han dado una serie de circunstancias atmosféricas excepcionales que explican este fenómeno inusual, con un protagonista claro: el chorro polar.
El fenómeno conocido como chorro polar
El chorro polar es una corriente de viento muy intensa que circula a unos 9 kilómetros de altura y que actúa como una auténtica autopista atmosférica. Su función principal es dirigir el desplazamiento de borrascas y anticiclones, influyendo de manera decisiva en el tiempo meteorológico que experimentamos en superficie. Según explica el meteorólogo Francisco Martín, de Meteored, este año el chorro polar ha descendido a latitudes más bajas de lo habitual, permitiendo que el aire frío alcance zonas como la Península Ibérica.
Este desplazamiento hacia el sur tiene consecuencias directas. Al situarse en latitudes más bajas, el aire frío entra en contacto con masas de aire más cálidas y húmedas procedentes de regiones tropicales o subtropicales. Esta interacción favorece la formación de borrascas muy activas, cargadas de humedad y energía, capaces de generar precipitaciones intensas y nevadas copiosas, incluso en zonas donde no es habitual que se produzcan.
Además, el chorro polar no solo se ha desplazado, sino que presenta una forma más ondulada de lo normal. Francisco Martín lo compara con "un río lleno de meandros". Estas ondulaciones aumentan la probabilidad de que el chorro capture pequeñas borrascas que, al interactuar con aire húmedo, se intensifican rápidamente. Lo habitual sería que estos procesos se produjeran más al norte, pero este año están afectando de lleno a España.
El cambio climático y su relación
Ante este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿está relacionado este fenómeno con el cambio climático? Los expertos son cautos. Un episodio meteorológico concreto, como la borrasca Kristin, no puede atribuirse directamente al cambio climático. Sin embargo, sí se pueden analizar tendencias a largo plazo. En este sentido, los meteorólogos señalan que el cambio climático podría estar favoreciendo un chorro polar más ondulado de lo habitual, lo que incrementaría la frecuencia de episodios extremos.
Otro factor clave es el aumento de la temperatura de los océanos. Tanto el Mediterráneo como el Atlántico norte presentan aguas más cálidas, lo que implica una mayor evaporación y, por tanto, una atmósfera más cargada de humedad. Este exceso de humedad actúa como combustible para las borrascas, aumentando su intensidad. Aunque no se puede afirmar que Kristin sea consecuencia directa del cambio climático, sí existen señales que apuntan a que este contexto climático global puede estar influyendo en la magnitud de este tipo de episodios.
Cómo puede afectar a nuestras vidas
Esta situación incrementa el riesgo de inundaciones, un fenómeno que ya se está produciendo en algunas zonas. El chorro polar continúa situado en una posición anormalmente baja, captando borrascas cargadas de humedad desde latitudes más bajas y manteniendo un patrón de inestabilidad que podría prolongarse en el tiempo.
En definitiva, la borrasca Kristin es un ejemplo claro de cómo pequeñas variaciones en la dinámica atmosférica pueden tener grandes impactos en nuestro día a día. Comprender el papel del chorro polar y su evolución es clave para anticipar futuros episodios extremos y para reflexionar sobre cómo el cambio climático puede estar influyendo, de forma indirecta, en el comportamiento del tiempo en España.

