El informe, basado en encuestas a 2.100 directivos de 701 grandes empresas de doce sectores y 13 países de América del Norte, Europa y Asia-Pacífico, analiza la evolución de las estrategias empresariales frente a los desafíos climáticos y medioambientales.
Más preocupación, pero menos preparación
Según las conclusiones del estudio, a las que ha tenido acceso EFE Verde, el 87% de las organizaciones encuestadas ha experimentado interrupciones en su cadena de suministro por fenómenos meteorológicos extremos, un punto más que en 2025. Asimismo, el 84% ha sufrido interrupciones en sus procesos de producción, frente al 78% registrado un año antes. El impacto del cambio climático también se refleja en los costes y los ingresos de las compañías. El 81% de los directivos señala un aumento de los costes relacionados con los seguros y la responsabilidad civil, frente al 7% de 2025, mientras que el 77% reconoce impactos en los ingresos de sus empresas, frente al 18% de la edición anterior. La escasez de agua se sitúa además entre las principales preocupaciones empresariales. El 90% de los encuestados la considera un riesgo para su compañía y el 61% cree que durante los próximos cinco años se convertirá en una limitación para el crecimiento empresarial mayor que la disponibilidad de energía.
Sin embargo, la respuesta de las organizaciones todavía está lejos de generalizarse. Menos de la mitad afirma que su empresa está adaptando de forma proactiva sus operaciones en regiones con estrés hídrico, una medida que lleva a cabo el 42%. El porcentaje se reduce al 37% entre las compañías que están reforzando la gestión responsable del agua y al 35% entre las que utilizan inteligencia artificial para abordar los crecientes riesgos relacionados con este recurso. El estudio de 2026 muestra un aumento de la atención empresarial hacia la adaptación al cambio climático. El 68% de los directivos afirma que su organización está dando prioridad a estas medidas para reforzar la resiliencia de sus empresas, frente al 56% de 2025. Además, el 76% espera que el gasto destinado a adaptación aumente durante los próximos 12 meses. Pese a ello, las capacidades para medir y gestionar estos riesgos todavía son limitadas. Solo el 15% de los encuestados asegura que su empresa ha cuantificado el impacto financiero de las interrupciones relacionadas con el clima, mientras que el 27% ha evaluado los riesgos climáticos en toda su cadena de valor y el 28% ha implementado herramientas de análisis de riesgos climáticos.
La resiliencia y la circularidad ganan peso
La reducción de emisiones continúa siendo una prioridad, pero las empresas están otorgando un peso cada vez mayor a la resiliencia, la adaptación, la seguridad de los recursos y la continuidad del negocio a medida que los efectos del cambio climático sobre su actividad se hacen más visibles. Las tensiones geopolíticas están contribuyendo a acelerar este cambio. El 64% de los directivos participantes asegura que su organización ha modificado sus prioridades de sostenibilidad, mientras que otro 64% identifica la seguridad energética y de los recursos críticos como factores clave para las inversiones en sostenibilidad. El informe también refleja un cambio en las razones que llevan a las compañías a invertir en sostenibilidad. Para el 73% de los encuestados, la creación de valor es un factor clave para realizar estas inversiones, mientras que el 48% señala que deben llevarse a cabo porque es lo correcto.
La inteligencia artificial aparece como otro de los elementos destacados del informe. Aunque los directivos la consideran un facilitador fundamental para alcanzar los objetivos de sostenibilidad, su creciente impacto medioambiental genera preocupación. El 45% de los encuestados afirma que la IA ha incrementado significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero y el 70% señala que sus implicaciones para la sostenibilidad ya se debaten en los consejos de administración. Los resultados muestran así una creciente preocupación empresarial por los efectos del cambio climático, la escasez de recursos y la huella ambiental de nuevas tecnologías, pero también una distancia todavía importante entre el reconocimiento de estos riesgos y la capacidad de las organizaciones para medirlos, gestionarlos y adaptar sus operaciones.
