Un nuevo análisis global realizado por Copernicus muestra cómo la contaminación atmosférica cruzó fronteras y continentes el año pasado, exponiendo a un 40 % de la población mundial a niveles nocivos de ozono. Así lo advirtió el componente de monitoreo atmosférico y climático del programa espacial europeo, con sede en la ciudad alemana de Bonn, al publicar los resultados del estudio llamado «Atmosphere Watch».

El ozono troposférico surge cuando determinadas sustancias contaminantes quedan expuestas a la luz del sol y a las altas temperaturas, y resulta nocivo tanto para la salud humana como para los ecosistemas. Para elaborar este análisis, la herramienta combina millones de observaciones de satélites, redes terrestres y otras fuentes con su sistema global de predicción, lo que le permite ofrecer una instantánea de la contaminación atmosférica transfronteriza, incluidos el ozono, el humo procedente de la quema de biomasa y el polvo del desierto, a lo largo de lo que va de año.

Asia, la región más expuesta

En los ocho primeros meses de 2026, las grandes olas de calor han facilitado que en muchas regiones se generaran altos niveles de ozono troposférico, lo que ha afectado a miles de millones de personas. La situación ha sido especialmente grave en Asia, donde un 60 % de los habitantes han estado expuestos a niveles «extremadamente altos», seguida de Europa y de América del Norte.

En el caso europeo, pese a los avances logrados en materia de contaminantes, un 50 % de la población estuvo expuesta a niveles inadecuados de ozono, a lo que contribuyeron las repetidas olas de calor, en una suerte de círculo vicioso en el que el propio ozono generado contribuye a calentar la atmósfera.

Suramérica, por el contrario, registró unos niveles de contaminación especialmente bajos: un 81 % de su población estuvo expuesta a niveles buenos o aceptables.

Clima, salud y seguridad alimentaria, interconectados

La directora del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), Laurence Rouil, señaló que la contaminación por ozono es un claro recordatorio de lo interconectados que están realmente la atmósfera, el clima, la salud y los medios de vida, ya que la contaminación y el cambio climático afectan a la composición química del aire que respiramos, determinan la salud de los ecosistemas e incluso condicionan la capacidad para cultivar alimentos.

La contaminación no conoce fronteras

Rouil subrayó además cómo la contaminación traspasa las fronteras nacionales, por lo que resulta imprescindible adoptar medidas a nivel global. Los datos recabados casi en tiempo real como parte del análisis pusieron de manifiesto cómo el humo de los incendios forestales o el polvo del desierto, entre otros fenómenos, recorren en ocasiones miles de kilómetros y afectan a la salud de poblaciones muy alejadas de la fuente original.

Un ejemplo de ello se produjo durante el Mundial de Fútbol celebrado en julio: los intensos incendios forestales en Canadá y el oeste de Estados Unidos generaron enormes plumas de humo que recorrieron miles de kilómetros, lo que provocó la emisión de avisos sanitarios sobre la calidad del aire en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey, una de las sedes de la cita planetaria del fútbol.

Algo similar ocurrió en Europa con los «megaincendios» registrados en Francia, España o Bélgica, que generaron un intenso transporte de humo que afectó a la calidad del aire a miles de kilómetros de distancia. Por otra parte, el polvo procedente del Sáhara ha llegado en varias ocasiones hasta el Atlántico Norte, alcanzando Cabo Verde y las islas Canarias y provocando condiciones de neblina y mala calidad del aire.