La primera será la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que ha comenzado este lunes 17 de agosto en Ulán Bator, Mongolia, y se prolongará hasta el próximo 28 de agosto. A esta reunión le seguirán la COP17 del Convenio sobre la Biodiversidad Biológica, que tendrá lugar el 19 de octubre en Ereván (Armenia), y la COP31 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, prevista para el 9 de noviembre en Antalya (Turquía).
La desertificación abre el calendario
De esta forma, en menos de tres meses se celebrarán tres grandes negociaciones ambientales, una sucesión que no se produce todos los años, ya que mientras la cumbre del clima tiene carácter anual, las de desertificación y biodiversidad se celebran cada dos años. Las tres reuniones estarán conectadas por cuestiones comunes y tendrán que hacer frente, entre otros asuntos, al desafío de la financiación, especialmente después de la retirada de fondos de Estados Unidos tras la salida de su presidente, Donald Trump, de numerosos acuerdos internacionales. La primera cita será la COP17 de desertificación, que se desarrollará bajo el lema Restaurar la tierra. Restaurar la esperanza. El encuentro tendrá como objetivo buscar soluciones a los desafíos relacionados con la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía, según Naciones Unidas. Mongolia será el país anfitrión de esta edición, en la que será la primera ocasión en que esta cumbre se celebre en un país de Asia Central u Oriental. El país cuenta ya con casi un 82 % de su territorio degradado.
Durante las dos semanas de reuniones, los países participantes negociarán cuestiones como los mecanismos financieros innovadores destinados a mejorar la salud de la tierra, la resiliencia frente a la sequía, la restauración de los pastizales y el bienestar de las comunidades pastorales. El programa contempla además cuatro días temáticos centrados en finanzas, agua, tierra y población y sistemas alimentarios y salud del suelo. La secretaria ejecutiva de la UNCCD ha señalado que el agravamiento de la sequía y la aceleración de la degradación de la tierra hacen necesario que la conferencia impulse soluciones prácticas y viables. Entre ellas se encuentran la restauración de tierras y suelos degradados y el fortalecimiento de la relación entre tierra y agua para favorecer el bienestar de las comunidades. Para Víctor Castillo, profesor de investigación en el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) y director del grupo de Conservación de Suelos y Agua, esta cumbre marcará el tono y el grado de ambición de las reuniones ambientales posteriores. Durante una sesión informativa organizada por Science Media Center (SMC) España, Castillo explicó que uno de los grandes objetivos del encuentro será impulsar políticas destinadas a mantener la salud del suelo y garantizar la seguridad alimentaria.
La degradación afecta al 40 % de la superficie terrestre
La COP17 llega en un contexto en el que la degradación afecta hasta al 40 % de la superficie terrestre mundial, según Naciones Unidas. Sus consecuencias alcanzan ámbitos como la producción de alimentos, la disponibilidad de agua, los medios de subsistencia y la estabilidad económica. La situación también afecta a Europa. Los datos de Copernicus muestran que en buena parte de Europa Occidental la sequía persistió y se intensificó durante mayo y junio, con precipitaciones y humedad del suelo excepcionalmente bajas en países como Francia, España, Alemania y Reino Unido. Este fenómeno ya está teniendo consecuencias en algunos de los grandes ríos del continente. En España, la desertificación constituye además uno de los principales problemas ambientales. El primer atlas de desertificación, publicado en 2025, señala que el 40 % del territorio español está en proceso de desertificación debido a la actividad humana, relacionada con factores agrícolas, ganaderos o turísticos.
La celebración de la COP17 coincide asimismo con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastos de las Naciones Unidas, una circunstancia que, según la ONU, supone una oportunidad para acelerar las acciones destinadas a restaurarlos y conservarlos. La reunión de Ulán Bator será, por tanto, el primer paso de un calendario ambiental especialmente concentrado, al que seguirán en otoño las cumbres internacionales sobre biodiversidad y cambio climático. Las decisiones que se adopten durante estas negociaciones deberán abordar problemas estrechamente relacionados, desde la degradación de los suelos y la sequía hasta la protección de los ecosistemas y la lucha contra el cambio climático.
