Es el principio de la biomímesis, un concepto que consiste en imitar las soluciones que ofrecen las distintas especies. Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en el tren japonés. El paso de los trenes por los túneles generaba un fuerte estruendo, por lo que un ingeniero aficionado a las aves observó el comportamiento del martín pescador. Al lanzarse al agua para pescar, el ave consigue entrar sin apenas ruido ni salpicaduras. La explicación está en la morfología de su pico, cuya forma evita la aparición de turbulencias.
Del mosquito a la medicina
El ingeniero decidió trasladar esa morfología a la parte delantera del tren para reducir las turbulencias y el sonido al entrar en los túneles. El resultado, además, permitió mejorar la velocidad del tren. La palabra biomímesis procede del griego: bio, que significa vida, y mimesis, imitación. Su objetivo es observar la naturaleza y reproducir sus mecanismos para encontrar soluciones innovadoras a diferentes problemas. La medicina es otro de los campos en los que se aplica este principio. El mosquito cuenta con una estructura similar a una aguja, pero formada en realidad por varias piezas con diferentes funciones: una sirve para realizar la picadura, otra para evitar que resulte dolorosa y otra para localizar los vasos sanguíneos. Esta estructura ha inspirado agujas destinadas a conseguir pinchazos menos dolorosos. Un ejemplo son los parches utilizados para medir los niveles de glucosa, que cuentan con numerosas microagujas y buscan resultar indoloros gracias a la imitación de la estructura del mosquito.
La biomímesis también puede ofrecer soluciones frente a problemas relacionados con el agua. Un ejemplo procede del escarabajo del desierto del Namib, en Namibia, donde apenas hay agua. Este escarabajo adopta por las mañanas una postura específica y cuenta en su caparazón con zonas hidrofóbicas, que repelen el agua, y zonas hidrofílicas, que la atraen. La combinación de ambas permite que las gotas se condensen, aumenten de tamaño y terminen cayendo hacia la boca del animal. Esta estructura ya está siendo replicada para desarrollar objetos capaces de obtener agua en zonas donde escasea.
La piel del tiburón frente a las bacterias
Otro ejemplo se encuentra en la piel del tiburón. Observada microscópicamente, presenta unas estructuras que dificultan que las bacterias se adhieran y formen biopelículas, es decir, agrupaciones en las que las bacterias pueden crecer. Este mecanismo natural puede servir de inspiración para buscar soluciones frente a la proliferación de bacterias. La naturaleza también puede ayudar a mejorar el tráfico. En este caso, la inspiración está en las hormigas, que utilizan feromonas para optimizar sus rutas. Este sistema se puede aplicar al diseño de carreteras y ya se está utilizando para tratar de hacerlas más eficientes y reducir los atascos.
La biomímesis también está presente en objetos cotidianos. Un ejemplo es el velcro, inspirado en la bardana. Una persona observó cómo el fruto de esta planta se adhería a la piel de los animales y a la ropa. Al examinarlo de cerca, descubrió que estaba formado por pequeños microganchos que permitían que se pegara a diferentes superficies. La morfología de esos microganchos fue posteriormente replicada para crear el sistema de cierre del velcro. Todos estos ejemplos muestran cómo la observación de la naturaleza puede convertirse en una herramienta para encontrar soluciones a problemas muy diferentes, desde el ruido de los trenes hasta la obtención de agua, la medicina, el tráfico o los objetos de uso cotidiano.

