García lleva una década impulsando la moda sostenible y desfilando en las pasarelas de Madrid, demostrando que la creatividad y la responsabilidad ambiental pueden convivir en una misma prenda. Su trabajo ha contribuido a consolidar un ecosistema que apuesta por materiales responsables, procesos limpios y ciclos de vida más largos. Pero la moda circular no solo se construye desde las pasarelas, también nace en proyectos sociales que buscan generar impacto más allá del diseño.
Moda circular
En este punto entra en escena Melina Salazar, fundadora del proyecto Metamorfosis, una iniciativa que une sostenibilidad, inclusión social y economía circular. Salazar trabaja con mujeres privadas de libertad en las cárceles de Lima, donde se imparten talleres de costura y confección. Muchas de estas mujeres ya saben coser, y el proyecto se centra en reforzar ese talento para convertirlo en una herramienta de autonomía y futuro. La propuesta es tan simple como poderosa, transformar desechos textiles en prendas nuevas, elaboradas por mujeres que buscan una segunda oportunidad. Las piezas resultantes no solo tienen un valor ambiental, sino también humano.
Salazar destaca que en Perú existe una relación muy estrecha entre pequeñas y grandes marcas. Las grandes empresas textiles donan sus residuos al proyecto Metamorfosis, y las mujeres en prisión los convierten en nuevas prendas que luego se venden precisamente en esas mismas marcas. Un círculo perfecto donde todos ganan, las empresas reducen su impacto, las mujeres desarrollan habilidades y el mercado recibe productos con una historia transformadora detrás. Este modelo demuestra que la circularidad no es solo una cuestión técnica, sino también social, reciclar materiales puede ir de la mano de reciclar oportunidades.
Sostenibilidad e inclusión social
También, pone el foco en Gamarra, uno de los centros textiles más grandes de Latinoamérica. Allí se fabrica y se vende ropa, insumos, accesorios y confecciones tanto al por mayor como al por menor. Sin embargo, la industria local atraviesa un momento complejo debido a la competencia de precios bajos y la producción masiva impulsada por la fast fashion que amenaza la supervivencia de los talleres tradicionales. En este contexto, mujeres como Melina Salazar representan una resistencia creativa. Su apuesta por la moda circular se opone al desperdicio textil y reivindica un modelo más justo, más lento y más consciente.
El encuentro entre Paloma García y Melina Salazar muestra que la moda circular no es un concepto abstracto, sino una red de proyectos reales que están cambiando vidas. Desde las pasarelas de Madrid hasta los talleres de las cárceles de Lima, la sostenibilidad se convierte en un hilo que une innovación, responsabilidad y transformación social. La moda del futuro no solo será más respetuosa con el planeta, también podrá ser una herramienta para tejer nuevas oportunidades donde antes no las había.
