Según explica Díez, cerca del 73 % de los materiales utilizados para fabricar ropa termina incinerado o en vertederos, un destino que evidencia la falta de soluciones reales para el residuo textil. "Hoy en día no existe una respuesta efectiva para este problema", señala, apoyándose en datos de la Fundación Ellen MacArthur: solo el 1 % de la ropa usada se recicla para crear nuevas prendas.

Un sector altamente contaminante

La responsable de Ecoalf recuerda que la moda es uno de los sectores que más contamina a nivel global, no solo por la producción masiva, sino porque las materias primas rara vez reciben un segundo uso. La mayoría de las prendas están diseñadas para durar poco, lo que alimenta un ciclo de consumo acelerado y un volumen de desechos difícil de asumir. Para revertir esta tendencia, Díez insiste en la importancia de diseñar prendas que puedan usarse durante más tiempo y que, una vez agotada su vida útil, puedan reciclarse de forma eficiente. Esto implica repensar la moda desde su origen, materiales, procesos, diseño y fin de vida.

Uno de los conceptos que más relevancia está ganando en la industria es la monomaterialidad. Una prenda monomaterial está fabricada con un único tipo de fibra, lo que facilita enormemente su reciclaje. Hoy, muchas prendas combinan materiales distintos (como algodón y poliéster) que dificultan su separación y reutilización.

Una clave para el futuro

La monomaterialidad permite avanzar hacia el modelo "textile to textile", es decir, reciclar textiles usados para convertirlos de nuevo en textiles. Un sistema circular real que evitaría que toneladas de ropa acabaran en vertederos y reduciría la necesidad de producir nuevas materias primas.

Para Irene Díez, el futuro de la moda pasa por integrar la sostenibilidad desde el diseño y apostar por tecnologías que permitan cerrar el ciclo del textil. Aunque reconoce que aún queda mucho camino por recorrer, también destaca que cada vez más empresas y consumidores están dispuestos a cambiar sus hábitos.