Aunque la terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser eficaz para tratar este trastorno, sus técnicas clásicas no siempre resultan cómodas, naturales ni fáciles de mantener en el tiempo. Ahora, una nueva investigación sugiere que algo tan simple como treinta segundos de ejercicio intenso podría marcar un antes y un después en su tratamiento.

Un estudio realizado por la Universidad de São Paulo y publicado en la revista Frontiers in Psychiatry revela que el ejercicio intermitente, breve y de alta intensidad es una herramienta más eficaz que la relajación tradicional para reducir los síntomas del trastorno de pánico. Además, se trata de un método accesible, económico y fácil de integrar en la vida diaria, lo que podría mejorar notablemente la adherencia de los pacientes al tratamiento.

Un trastorno más frecuente de lo que parece

Los ataques de pánico son episodios de miedo intenso que se desencadenan sin una causa externa clara. Se estima que alrededor del 10% de la población experimentará al menos uno a lo largo de su vida. Sin embargo, entre un 2% y un 3% de las personas sufren ataques tan recurrentes y graves que cumplen los criterios clínicos del trastorno de pánico, una enfermedad que puede llegar a ser profundamente incapacitante.

El miedo constante a sufrir un nuevo episodio lleva a muchos pacientes a evitar lugares públicos, el ejercicio físico o incluso actividades cotidianas, lo que afecta de forma directa a su calidad de vida. De ahí la importancia de encontrar tratamientos eficaces que no solo reduzcan los síntomas, sino que también ayuden a recuperar la normalidad.

Aprender que los síntomas no son peligrosos

El tratamiento de referencia para el trastorno de pánico es la terapia cognitivo-conductual, a veces combinada con medicación antidepresiva. Dentro de este enfoque, una de las técnicas más eficaces es la llamada exposición interoceptiva, que consiste en provocar de manera controlada las sensaciones físicas típicas de un ataque de pánico para que el paciente aprenda a tolerarlas y comprenda que no son peligrosas.

Tradicionalmente, esta exposición se realiza mediante ejercicios como hiperventilar de forma voluntaria, girar sobre una silla o tensar determinados músculos en la consulta del terapeuta. Aunque eficaces, estos métodos pueden resultar artificiales, repetitivos y poco atractivos para muchos pacientes.

El equipo liderado por el investigador Ricardo William Muotri propuso un enfoque distinto; utilizar el ejercicio físico intenso como una forma natural de provocar esas mismas sensaciones corporales, pero en un contexto más realista y funcional. Para comprobar su eficacia, los investigadores realizaron un ensayo clínico aleatorizado con 102 adultos diagnosticados con trastorno de pánico, a lo largo de 12 semanas.

Los participantes fueron divididos en dos grupos. Uno siguió un programa de ejercicio intermitente que combinaba caminatas con carreras de alta intensidad de apenas 30 segundos, intercaladas con periodos de recuperación activa. El otro grupo realizó una terapia basada en ejercicios de contracción y relajación muscular, una técnica habitual dentro de la terapia cognitivo-conductual. Ninguno de los participantes recibió medicación durante el estudio.

Menos ataques y síntomas más leves

Los resultados fueron claros. Aunque ambos grupos experimentaron mejoras con el paso del tiempo, los pacientes que realizaron ejercicio intenso breve mostraron una reducción significativamente mayor en la gravedad de los síntomas, la frecuencia de los ataques de pánico y los niveles de ansiedad y depresión. Estas mejoras se mantuvieron durante al menos 24 semanas tras el inicio del tratamiento.

Además, los propios pacientes manifestaron disfrutar más del programa de ejercicio que de la terapia de relajación, un factor clave para garantizar la continuidad del tratamiento. La adherencia y la motivación, señalan los autores, son elementos fundamentales para el éxito terapéutico a largo plazo.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que este tipo de ejercicio no necesita realizarse en un entorno clínico. Puede integrarse fácilmente en la rutina diaria del paciente, lo que acerca la exposición a los síntomas del pánico a situaciones reales y cotidianas.

Según los investigadores, el ejercicio intermitente intenso podría convertirse en una estrategia complementaria o alternativa dentro de los modelos de atención para los trastornos de ansiedad y depresión. Una intervención simple, de bajo coste y basada en el movimiento que, en solo treinta segundos, podría ayudar a muchas personas a recuperar el control sobre su cuerpo y su miedo.