Lo curioso es que, aunque usamos la imaginación constantemente, todavía no está del todo claro por qué suele ir acompañada de imágenes mentales tan vívidas. Durante años se ha asumido que estas representaciones internas se deben a que el cerebro reactiva las áreas sensoriales incluso cuando no hay estímulos reales, un mecanismo conocido como reinstauración sensorial.

Qué dicen los expertos

Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad Northwestern apunta a que esta explicación podría ser incompleta. Los autores plantean que no solo intervienen las regiones sensoriales, sino también redes cerebrales de orden superior encargadas de interpretar y organizar la información que percibimos. Esto sugiere que la teoría clásica de la reinstauración sensorial necesita matices, la imaginación no sería solo una repetición de la percepción, sino un proceso más complejo en el que intervienen sistemas cognitivos de nivel avanzado.

Los resultados del trabajo, publicados en Neuron, apuntan a que las imágenes mentales no dependen únicamente de los sentidos, sino que están profundamente conectadas con procesos cognitivos complejos y de alto nivel. Para llegar a esta conclusión, los investigadores pidieron a los voluntarios que imaginaran distintas escenas mientras se registraba su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional de alta precisión.

Resultados del estudio

Los datos revelaron que imaginar no equivale a reproducir una sensación. Más bien, la imaginación parece surgir en fases avanzadas del procesamiento cerebral, cuando la información ya se ha integrado en escenas, conceptos o significados, y no en simples estímulos visuales o auditivos. El estudio incluyó ocho participantes que completaron ocho sesiones de escáner cada uno, generando más de 60 horas de registros. Los investigadores cartografiaron las redes sensoriales y de asociación de cada persona y compararon la actividad cerebral durante la imaginación con la registrada durante la percepción real. La superposición entre ambas apareció sobre todo en regiones de asociación de alto nivel, no en las áreas sensoriales primarias.

Estas zonas, son especialmente desarrolladas en el cerebro humano y están implicadas en capacidades avanzadas como el lenguaje. Esto sugiere que la creación de imágenes mentales se apoya en redes que han evolucionado de forma destacada en nuestra especie y que trabajan en conjunto con los sistemas sensoriales para generar experiencias internas. Además, la actividad en estas regiones de asociación reflejaba la intensidad con la que los participantes decían haber imaginado cada escena, lo que refuerza la idea de que la imaginación naturalista depende especialmente de sistemas interpretativos avanzados. Estos resultados amplían nuestra comprensión de cómo el cerebro genera pensamientos internos que no dependen directamente de los sentidos.