Walsh realizó estas declaraciones en la apertura de la asamblea general anual de la IATA, celebrada en la ciudad brasileña. Sus palabras fueron claras pero también cargadas de matices: "No dije que no cumpliremos las metas; dije que aún es posible hacerlo, pero que claramente nos hemos desviado del camino y que necesitamos que todos los actores se comprometan a contribuir para que podamos hacerlo". El responsable de la IATA apuntó a varios frentes como causas del retraso. Por un lado, los fabricantes de aviones no han cumplido los plazos de entrega, lo que ha impedido a las aerolíneas renovar sus flotas y retirar las aeronaves más antiguas y contaminantes. Por otro, los sistemas de gestión del tráfico aéreo no han sido modernizados por ningún país, una medida que, según Walsh, reduciría de forma significativa las emisiones brutas del sector.
El combustible verde, el gran cuello de botella
Uno de los principales obstáculos para la descarbonización de la aviación es la escasa disponibilidad del combustible sostenible para la aviación (SAF, por sus siglas en inglés). Según los datos de la propia IATA, la producción mundial de SAF apenas cubre el 0,8% del consumo total de las aerolíneas en la actualidad. Aunque la tendencia es al alza, el ritmo de crecimiento está muy lejos de lo necesario: se estima que la producción alcanzará 2,4 millones de toneladas en 2026, frente a las 1,9 millones de 2025 y el millón de 2024. La IATA exigió a los productores de combustibles que cumplan sus compromisos de aumentar la oferta, y señaló directamente a los gobiernos por no adoptar políticas de incentivo a la producción de combustibles verdes. Walsh fue especialmente crítico con la Unión Europea y el Reino Unido, cuyas regulaciones, a su juicio, han encarecido los precios sin generar ningún beneficio real para el medioambiente.
El director general de la IATA dejó caer una advertencia entre líneas: si los demás actores no cumplen con su parte, el sector se verá obligado a revisar sus metas en función de los compromisos reales que estén dispuestos a asumir. "Como industria aérea, mantenemos nuestro compromiso, aunque no podemos hacerlo solos", concluyó Walsh, en lo que sonó a un ultimátum velado dirigido tanto a los reguladores como a los gobiernos de todo el mundo.
