El problema de los residuos plásticos en los ecosistemas no es una cuestión de azar, sino de diseño, y la ciencia española acaba de proponer una solución que mira directamente a la naturaleza para corregir el rumbo. Un trabajo del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, centro perteneciente al CSIC ha desarrollado materiales de envasado diseñados específicamente para descomponerse de forma natural sin dejar rastro de toxicidad a base de harinas de maíz pigmentado y otros.
La química natural de los pigmentos y el almidón
La investigación introduce una metodología novedosa al emplear harinas de grano entero que conservan sus pigmentos naturales junto con biomasa marina. Este proceso permite que el almidón presente en los cereales interactúe a nivel molecular con la celulosa de las algas. Esta unión es la que determina la estructura interna de los bioplásticos, dotándolos de una resistencia física que antes solo se conseguía mediante aditivos artificiales.
Además de la estructura, los compuestos naturales de las harinas juegan un papel fundamental en la funcionalidad del envase. Estos elementos no solo definen el color y la luminosidad del material, sino que actúan como un escudo activo. Estos componentes proporcionan una protección natural frente a la luz ultravioleta, un factor determinante para evitar que los alimentos que se encuentran en el interior del envase sufran procesos de oxidación o pérdida de nutrientes antes de llegar al consumidor final.
Tecnología industrial para una economía circular
El equipo del IATA-CSIC ha recurrido al melt-compounding, una técnica habitual en el procesamiento de polímeros industriales que aplica calor y energía mecánica. El almidón de las harinas y la celulosa de las algas se fusionan hasta formar una red cohesionada. Posteriormente se le da forma al envase aplicando presión controlada. Este sistema permite que el desarrollo sea escalable y tenga un potencial de aplicación real en la industria actual del embalaje.
Las pruebas realizadas han demostrado que la incorporación de biomasa marina genera una estructura interna más compleja que modifica las propiedades ópticas de los films. Esto resulta en envases con tonalidades amarillentas y verdosas naturales, reduciendo la transparencia innecesaria y aumentando la opacidad protectora. La presencia del residuo marino no solo aumenta la rigidez, sino que también altera la forma en que el material interactúa con el vapor de agua, impidiendo que el envase se deteriore o atraiga moléculas de agua.
Hacia un futuro sin huella del plástico
Los resultados finales del estudio evidencian que la mejora de las propiedades de estos envases no se debe únicamente a un refuerzo físico superficial, sino a una compatibilidad química. Las interacciones moleculares entre los almidones de cereal y la celulosa marina explican por qué el material gana tracción y reduce su capacidad de deformación, logrando una estabilidad que hasta ahora era difícil de alcanzar en materiales de origen biológico.
El trabajo concluye con una afirmación contundente sobre la viabilidad de este sistema. Las investigadoras señalan que han demostrado una vía químicamente eficiente para valorizar residuos agrícolas y marinos en materiales de envasado que no solo son biodegradables, sino que mejoran el rendimiento del material y su sostenibilidad.
El compromiso de la ciencia española con la protección del medio ambiente se materializa así en una tecnología que permite soñar con una industria del consumo donde el envase, tras cumplir su función, vuelva a integrarse en la naturaleza de manera segura.

