Según Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes (COIM), "la presencia de arbolado ralentiza el flujo de agua, da más tiempo de reacción a la población y, en última instancia, salva vidas". Por su parte, Ana Belén Noriega, decana-presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, destaca la importancia de las cuencas como sistemas que actúan como receptores del agua y permiten prever qué ocurrirá aguas abajo, en ciudades o desembocaduras.

Infiltrar y frenar la corriente

Entre las medidas más efectivas se encuentran las repoblaciones forestales, que aumentan la infiltración y reducen la velocidad del agua. Asimismo, pequeñas estructuras como cárcavas, diques de retención, albarradas y fajinas ayudan a frenar la escorrentía y estabilizar las laderas. "El agua llega más despacio y en menor volumen a las zonas inundables si se actúa correctamente aguas arriba", explica Tolosana.

La inversión y el mantenimiento sistemático de estas infraestructuras son esenciales. Noriega advierte que, aunque no siempre se puede evitar el efecto de lluvias torrenciales, "empeora muchísimo no tener hechas las cosas adecuadamente". Ambos expertos coinciden en que la restauración hidrológico-forestal debe ser continua, comparándola con el mantenimiento de la red de carreteras, y reclaman recuperar los convenios hidrológicos-forestales entre la administración central y las comunidades autónomas que finalizaron en 2011.

Mirar al monte para proteger a la sociedad

Gran parte de los montes gestionados coincide con la España despoblada, lo que reduce la visibilidad de las actuaciones y, según Tolosana, la "rentabilidad electoral". Por ello, recuperar la inversión y el cuidado de los bosques se considera vital para la seguridad de las poblaciones y para el bienestar económico del país. "La atención y el cuidado de los bosques tiene que ir creciendo porque nos va en ello a nosotros, nuestro bienestar y nuestra economía también", concluye Noriega.