Así lo confirma el informe anual publicado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), en el marco de los servicios climáticos de Copernicus, para la Comisión Europea. Según los datos, la temperatura media mundial en 2025 alcanzó los 14,97 ºC, lo que supone 0,59 ºC más que la media del periodo de referencia 1991-2020. Aunque ligeramente inferior al récord absoluto de 2024, el año pasado quedó apenas 0,01 ºC por debajo de 2023, lo que refleja una tendencia sostenida al alza.

No es un fenómeno aislado

En Europa, 2025 también se situó como el tercer año más cálido, con una temperatura media de 10,41 ºC, más de un grado por encima de la media histórica. Este calentamiento generalizado refuerza la idea de que el aumento de las temperaturas no es un fenómeno puntual, sino una dinámica persistente vinculada a la acumulación de gases de efecto invernadero y al calentamiento excepcional de los océanos, intensificado por fenómenos como El Niño.

Aunque la media global de 2025 se situó en 1,47 ºC por encima del nivel preindustrial, por debajo del máximo alcanzado en 2024, los expertos advierten de que el calentamiento a largo plazo ya ronda los 1,4 ºC, lo que hace probable que el límite de 1,5 ºC se supere de forma estable antes de que termine la década. “No es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo”, alertan desde Copernicus.

La repercusión climática es inminente

Las consecuencias ya son visibles. En 2025, la mitad de la superficie terrestre mundial experimentó más días de lo habitual con estrés térmico severo, una condición que la Organización Mundial de la Salud reconoce como la principal causa de muertes relacionadas con el clima. Además, las altas temperaturas favorecieron episodios extremos como incendios forestales, con impactos directos en la calidad del aire y la salud, también en regiones de Europa y España.

Desde Copernicus insisten en que ningún país ni ciudad se ha librado del cambio climático, y advierten de que 2026 podría situarse igualmente entre los cinco años más cálidos jamás registrados. El planeta, concluyen los científicos, se adentra en un escenario en el que la adaptación y la reducción urgente de emisiones ya no son una opción, sino una necesidad inaplazable.