Un estudio liderado por The Nature Conservancy revela que el aumento combinado de temperatura y humedad está redibujando el mapa de la habitabilidad humana, afectando ya la salud y el día a día de millones de personas. No se trata de una amenaza futura; el calor "limitante" ya condiciona la capacidad del cuerpo para autorregularse de forma segura en gran parte del globo.
Utilizando datos del programa europeo Copernicus, los investigadores descubrieron que el impacto es especialmente cruel con los más vulnerables. Los mayores de 65 años, cuyo organismo tiene menos capacidad para gestionar las altas temperaturas, han pasado de soportar 600 horas anuales de calor asfixiante a mediados del siglo XX a sufrir unas 900 horas en las últimas décadas. En regiones como el sur de Asia o Qatar, los ancianos enfrentan limitaciones severas durante un tercio del año, lo que convierte la vida cotidiana en una situación de riesgo constante.
El umbral de la habitabilidad humana
El concepto de "calor limitante" introducido en el estudio no se mide solo por los grados en el termómetro, sino por lo que el ser humano puede hacer de forma segura. En 2024, el año más caluroso registrado, casi el 80% de los mayores de 65 años en el mundo experimentaron episodios donde la humedad y el calor impidieron cualquier actividad física normal. Pero los jóvenes no son inmunes: las personas de entre 18 y 40 años han visto cómo sus horas de exposición a condiciones extremas se duplicaban en comparación con la generación de sus abuelos.
Las regiones más castigadas incluyen el suroeste de Norteamérica, el Sahara oriental y el sudeste asiático, donde países como Camboya o Tailandia sufren estas limitaciones durante una cuarta parte del año. El informe destaca que en estas zonas la crisis climática se ceba con poblaciones que tienen recursos económicos limitados para adaptarse, careciendo muchas veces de sistemas de refrigeración o infraestructuras adecuadas para paliar los efectos de las olas de calor persistentes.
Un futuro condicionado por los fósiles
A medida que la población mundial envejece, el número de personas expuestas a estos periodos de inseguridad climática no dejará de crecer. El estudio advierte que, con apenas 1°C de calentamiento global acumulado, las limitaciones ya son generalizadas. Años marcados por fenómenos como El Niño son solo un anticipo de lo que vendrá si no se reduce drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles. "A menos que dejemos de quemar petróleo, carbón y gas, estas limitaciones solo se volverán más comunes", concluye Luke Parsons, autor principal de la investigación.
La habitabilidad del planeta está en juego. No se trata solo de sobrevivir a un pico de temperatura, sino de garantizar que las actividades que sustentan nuestra vida cotidiana; el trabajo, el ocio y el cuidado del hogar, puedan seguir realizándose sin poner en peligro la vida. La protección de las poblaciones más vulnerables y la transición energética urgente son las únicas herramientas para frenar un mapa que, día a día, se vuelve más hostil para el ser humano.

