La investigación, liderada por José D. Anadón, del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), y Osvaldo E. Sala, de la Arizona State University, y publicada en la revista PNAS, muestra que en los últimos 25 años las cargas ganaderas; la cantidad de animales que un territorio puede sostener de forma sostenible, han descendido de manera notable en buena parte del planeta. El caso más llamativo es el de Europa del Este, incluida la Rusia asiática, donde la cabaña ganadera se ha reducido cerca de un 35 % en apenas dos décadas y media.
La falta de información sobre el pastoreo
El trabajo subraya que este fenómeno ha pasado en gran medida desapercibido debido a la falta de datos homogéneos sobre el pastoreo a escala global. A diferencia de otros cambios en el uso del suelo, como la expansión urbana o agrícola, la ganadería extensiva depende de estadísticas nacionales con metodologías desiguales, lo que ha dificultado detectar tendencias claras a largo plazo. Como consecuencia, la reducción del ganado apenas ha sido incorporada a los grandes diagnósticos ambientales globales.
El estudio revela, además, dos dinámicas opuestas en el mundo ganadero. En regiones más prósperas, con poblaciones estables y sistemas productivos menos dependientes del pastoreo como Europa, América del Norte o China en las que la densidad de ganado en los pastizales ha disminuido de forma sostenida. En cambio, en zonas de Asia Central, África subsahariana o Sudamérica, el crecimiento demográfico y el aumento de la demanda de proteína animal han impulsado un incremento de las cargas ganaderas, pese a las limitaciones tecnológicas existentes.
Las repercusiones climáticas generadas
Esta transformación tiene importantes implicaciones ecológicas. La ganadería extensiva es clave en el mantenimiento de paisajes abiertos y su retroceso puede favorecer la acumulación de biomasa vegetal, aumentando el riesgo de incendios forestales o alterando la composición de especies. Al mismo tiempo, una menor presión ganadera puede incrementar la captura de carbono y modificar los flujos de agua, reduciendo la escorrentía y la disponibilidad hídrica para otros usos. Según los autores, se trata de un escenario complejo, con efectos tanto positivos como negativos, que requiere un análisis más matizado.
El estudio también pone de relieve un sesgo científico significativo; existen muchos más trabajos centrados en el sobrepastoreo que en el declive del ganado. Esta desproporción ha influido en las políticas de gestión del territorio y en la percepción general de los pastizales como ecosistemas sistemáticamente degradados. Los investigadores reclaman ahora un cambio de enfoque que tenga en cuenta tanto las regiones donde la ganadería se intensifica como aquellas donde está desapareciendo, por su impacto en la biodiversidad, la seguridad alimentaria y los grandes ciclos ambientales del planeta.

