Las principales capitales y urbes medianas del país han superado el nuevo valor límite legal anual de dióxido de nitrógeno (NO₂) establecido por la Unión Europea. Este contaminante, un gas tóxico amarillento que expulsan los vehículos por su tubo de escape, no solo degrada el medio ambiente, sino que ataca directamente la salud respiratoria de millones de personas.

La organización ecologista advierte que este incumplimiento sistemático de la normativa europea no es solo una cuestión de expedientes sancionadores, sino una crisis sanitaria de primer orden. Solo en el año 2023, la exposición prolongada a este gas fue responsable de 4.100 muertes prematuras en España, según los registros sanitarios. El NO₂ afecta a los tramos más profundos de los pulmones, reduciendo la respuesta inmunológica y aumentando la vulnerabilidad ante infecciones.

Muy lejos de las recomendaciones de la OMS

Los datos de 2025, pertenecientes a ciudades que suman casi 12 millones de habitantes y una cuarta parte de la población española, muestran una realidad preocupante: mientras el valor límite anual vigente se situaba en los 40 microgramos por metro cúbico (µg/m³), el nuevo marco legal para 2030 disminuye esta cifra a 20 µg/m³. La mayoría de las ciudades grandes y medianas ni siquiera han logrado estabilizar sus niveles por debajo de este nuevo umbral preventivo.

Más lejos aún se encuentran las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sitúa el nivel seguro de exposición en apenas 10 µg/m³. Ecologistas en Acción señala que la pasividad municipal está cronificando una situación de mala calidad del aire que afecta especialmente a los colectivos más vulnerables: infancia, personas mayores y pacientes con patologías respiratorias o cardiovasculares previas.

Los niveles más altos de NO₂ registrado en 2025 son los de las estaciones Plaza Elíptica de Madrid, Avenida Juan XXIII de Málaga, Granada Norte, Eixample de Barcelona y San Basilio de Murcia, con una concentración media anual en torno a 30 μg/m3, muy por encima de lo que reclama la UE y aconseja la OMS. Ninguna ciudad española incumplió en 2025 el obsoleto valor límite anual vigente, establecido en 40 μg/m3, que no se supera en España desde 2022.

Además de las ya mencionadas, otras trece ciudades estudiadas también superaron en 2025 el que será el nuevo límite legal de NO₂. Destacan las estaciones Felisa Munárriz, en Pamplona (27), Olivereta, de València (26), Torneo, en Sevilla (25), María Díaz de Haro, en Bilbao (25), Oeste, en Vigo (25), Palacio de Deportes, en Oviedo (24) y Plaza de Pontevedra, en A Coruña (23).

Entre las áreas con menor concentración de NO₂ están Palma (Foners, 22), Córdoba (Avenida Al-Nasir, 22), Zaragoza (Avenida de Soria, 21), Burgos (Avenida de Cantabria, 21), Valladolid (Arco de Ladrillo, 20) y Santa Cruz de Tenerife (Piscina Municipal, 20).

La ONG ecologista también denuncia la disparidad de datos entre ciudades diferentes, un hecho que achacan «a la deficiente ubicación de muchas estaciones supuestamente orientadas al tráfico, las cuales no están situadas en los "puntos críticos" de contaminación, tal y como establece la nueva normativa. Asimismo, señalan que lugares como Alicante, Cartagena, Elche y Las Palmas de Gran Canaria ni siquiera disponen de estaciones orientadas al tráfico, lo que hace imposible conocer la verdadera calidad del aire que respira la población.

Las urgencias de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE)

Ante esta situación, la organización ecologista solicita a los ayuntamientos que implanten de forma inmediata las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). Esta medida, cuyo plazo venció hace tres años, se dirige a los 150 municipios de más de 50.000 habitantes y busca establecer zonas de bajas emisiones y protocolos de actuación frente a episodios de mala calidad del aire. No obstante, como recuerda Ecologistas, "la gran mayoría de las ciudades no han cumplido siquiera formalmente estas obligaciones legales, además de resultar inoperantes las hasta ahora aprobadas".

"Es necesario reducir de forma drástica el uso del coche privado en los centros urbanos y fomentar el transporte público y la movilidad activa", apuntan desde la organización. El balance de 2025 deja claro que, sin acciones de calado, la salud de las ciudades españolas seguirá supeditada al tubo de escape.