El análisis ha sido elaborado por el investigador Dominic Royé, de la Misión Biológica de Galicia (MBG), quien explica que la Península registró una media de 29 horas de sol menos de lo habitual para esta época del año. Solo enero de 1996 presentó un déficit mayor, con 33 horas menos de insolación.
Un mes excepcionalmente oscuro
En condiciones normales, enero suele acumular en la Península unas 185 horas de sol, aunque con marcadas diferencias territoriales. Mientras que en el norte los valores suelen situarse entre las 100 y 120 horas, en el sur alcanzan habitualmente entre 250 y 270. Este año, sin embargo, casi todo el territorio quedó por debajo de la media. Solo Murcia, Almería y Baleares se mantuvieron dentro de los valores considerados normales, según los datos analizados por Royé.
La fachada atlántica y el noroeste peninsular concentraron las mayores anomalías negativas. En Galicia, la reducción de horas de sol fue especialmente notoria, con descensos cercanos o superiores al 50 % respecto a la media climática.
Santiago de Compostela registró una caída de casi el 50 %, Vigo del 48 % y A Coruña del 46 %. La situación fue aún más extrema en ciudades como Ourense, Pontevedra y Lugo, donde la insolación se redujo entre un 55 % y un 57 %. Estos valores superan ampliamente los registrados en otras ciudades españolas, como Madrid, donde el descenso fue del 20 %, Sevilla con un 30 %, o Gijón y Burgos, ambas con reducciones cercanas al 40 %.
La nubosidad, un factor clave
La principal causa de esta falta de sol ha sido la persistente nubosidad asociada al tren de borrascas que ha afectado a la península durante semanas. Royé subraya que una mayor cantidad de precipitaciones no siempre implica menos horas de sol, ya que puede llover intensamente durante un corto periodo y despejar después. En este caso, el cielo cubierto ha sido continuo, incluso en jornadas sin lluvia.
La geografía también influye: las zonas montañosas suelen registrar mayores pérdidas de insolación, mientras que en áreas costeras la nubosidad tiende a romperse con mayor rapidez. Además, enero es un mes especialmente sensible a estos fenómenos, ya que los días son más cortos que en otras épocas del año, lo que amplifica el impacto de la nubosidad persistente.
Efectos sobre el estado de ánimo
La reducción de horas de sol tiene consecuencias conocidas sobre la salud y el bienestar. Según recuerda Royé, que investiga la relación entre clima y salud, la falta de luz solar puede afectar tanto a nivel fisiológico como psicológico, especialmente en las regiones del norte.
La percepción social también juega un papel importante. Aunque los datos no siempre reflejen una situación excepcional, la sucesión de borrascas de alto impacto refuerza la sensación de un invierno especialmente oscuro y adverso.
La última de estas borrascas, Marta, ha sido la decimotercera de alto impacto de la temporada. La Agencia Estatal de Meteorología ha señalado que es el año en el que antes se ha llegado a la letra "M" en la nomenclatura, un récord que hasta ahora ostentaba la borrasca Myriam, nombrada el 3 de marzo de 2020. A partir de esta semana, una nueva borrasca, Nils, volverá a afectar a la península.

