Boro, el perro que viajaba en el tren Iryo siniestrado en Adamuz, volvió con su familia tras varios días desaparecido. Su historia, marcada por la angustia de la búsqueda y por las heridas visibles de su dueña y su tía, se convirtió en un símbolo del fuerte vínculo que une a las personas con sus animales. Pero más allá de la emoción del reencuentro, el caso volvió a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: qué ocurre con los animales cuando se produce una gran emergencia.

No solo en accidentes de transporte, sino también en desastres naturales como incendios forestales, inundaciones o episodios extremos como la dana de Valencia, los animales siguen quedando, en muchos casos, fuera de los protocolos de actuación.

Una protección que no está en los protocolos

Desde el partido animalista Pacma denuncian que en España no existe un procedimiento claro ni automático cuando los animales se ven afectados por un accidente de gran magnitud o una catástrofe ambiental. La prioridad, explican, se centra en las víctimas humanas y en la seguridad del entorno, mientras que los animales quedan fuera de los planes de intervención.

Esta realidad, sin embargo, empieza a cambiar. Desde Protección Civil confirman que ya se está trabajando en unas directrices básicas de planificación que incluyan de forma expresa a los animales dentro de los protocolos de emergencia.

El marco legal ya contempla esta necesidad. El Real Decreto 524/2023, que aprueba la Norma Básica de Protección Civil, establece que los riesgos que deben ser objeto de planificación son aquellos que afectan no solo a la población y a los bienes, sino también a los animales, al medio ambiente y al patrimonio cultural. Además, la Ley de Protección Animal recoge la obligación de generar protocolos de rescate y ayuda en casos de emergencia, como desastres naturales o fenómenos climáticos extremos.

Actualmente, el Consejo Nacional de Protección Civil trabaja en directrices específicas para riesgos como inundaciones, terremotos o tsunamis, estudiando cómo integrar de forma efectiva la protección animal dentro de estos planes.

Canarias, el modelo a seguir

La gestión de emergencias depende de administraciones locales, autonómicas y nacionales, lo que hace que la aplicación de protocolos varíe según el territorio. En la práctica, según Pacma, la mayoría de los planes autonómicos apenas incluyen a los animales o lo hacen de forma simbólica, sin procedimientos claros ni recursos asignados.

Canarias es la excepción. Tras la erupción del volcán de La Palma, el archipiélago desarrolló un protocolo específico y operativo que integra a los animales en la gestión de emergencias, convirtiéndose en el único territorio que cuenta con un sistema estructurado en este ámbito.

Hacia una protección real y efectiva

Las organizaciones animalistas reclaman que los planes de emergencia reconozcan de forma explícita a los animales como sujetos a proteger, que existan equipos especializados y coordinados entre protección civil, cuerpos de seguridad, veterinarios y personal medioambiental, y que se disponga de recursos materiales y logísticos adecuados.

También subrayan la necesidad de establecer canales oficiales de comunicación y de colaboración ordenada con el voluntariado, así como procedimientos que permitan el acceso controlado de personal especializado a zonas restringidas, algo que no siempre ocurre en grandes emergencias.

El reconocimiento legal y social de los animales como seres sintientes ya existe. El reto ahora es traducirlo en políticas públicas eficaces que permitan que su protección deje de depender de la buena voluntad individual y pase a formar parte real de los protocolos de emergencia. Para que historias como la de Boro no sean una excepción emocional, sino una respuesta organizada y estructurada del sistema.