En Hazte Eco hemos entrevistado a Marisa González, una de las creadoras de La Casa de las Marionetas, un proyecto que ha transformado este rincón serrano en un punto de encuentro para el arte de los títeres. Marisa y su marido, Fernando Moya, han levantado un espacio que no solo respeta la estética del pueblo, sino que se integra en ella como si siempre hubiera estado allí.

La construcción, realizada con madera, piedra y materiales propios del entorno, está revestida con cal y arena de río, una técnica que mantiene la esencia de las casas antiguas y que permite que el edificio dialogue con el paisaje sin romper su armonía. Durante la conversación, aparecen dos figuras que sorprenden por su ternura y precisión, las marionetas que representan a Marisa y Fernando. Son réplicas de los propios creadores, elaboradas con el mismo cuidado artesanal que caracteriza todo su trabajo.

Creación a través del reciclaje

Marisa se encarga de modelar las esculturas y trabajar el barro, mientras que Fernando diseña los moldes y construye los cuerpos de los títeres. Después, ella los viste con prendas reutilizadas, ropa que recuperan de familiares o de personas que ya no la necesitan. Para ellos, cada retal tiene una historia y cada tejido puede convertirse en parte de un personaje. Su filosofía es clara, lo que otros desechan puede transformarse en arte. El proceso de creación de estas marionetas combina técnicas tradicionales con materiales naturales como goma espuma, látex, pasta de papel o fibras vegetales. También utilizan elementos procedentes de plantas y restos orgánicos, demostrando que la naturaleza puede ser una aliada en la construcción de mundos imaginarios. Esta apuesta por la sostenibilidad no es solo estética, sino también ética ya que creen firmemente en la reutilización y en la capacidad del arte para dar una segunda vida a lo que parecía destinado a desaparecer.

La Casa de las Marionetas no es únicamente un taller o un museo, es un espacio cultural vivo, con programación propia y espectáculos que han traspasado fronteras. Sus obras han sido reconocidas tanto a nivel nacional como internacional, y han demostrado que el teatro de títeres no es un entretenimiento menor ni exclusivamente infantil. Es un lenguaje artístico con una enorme capacidad expresiva, capaz de emocionar, cuestionar y conectar con públicos de todas las edades. Fernando lo resume con una frase que se ha convertido en el espíritu del proyecto: "La despoblación se combate con la cultura". Para él, la cultura no es un adorno, sino una herramienta para revitalizar los pueblos, atraer visitantes y generar vida donde antes había silencio.

Cultura que atrae

El impacto en Palomera es evidente. La Casa de las Marionetas ha impulsado la economía local, ha atraído turismo cultural y ha convertido al municipio en un destino para colegios, grupos escolares y familias que buscan experiencias diferentes. El espacio funciona también como museo y como centro educativo, donde se organizan talleres, actividades y representaciones pensadas para acercar a niños y adultos al universo de los títeres. Marisa y Fernando quieren transmitir que este arte no entiende de edades y que cualquiera puede emocionarse con una historia contada a través de figuras hechas a mano. Su objetivo es romper la idea de que los títeres pertenecen solo al mundo infantil y reivindicar su valor artístico, cultural y social.

La iniciativa ha logrado algo poco común como unir tradición, artesanía, sostenibilidad y cultura en un mismo proyecto. En un tiempo en el que muchos pueblos luchan contra la despoblación, Palomera ha encontrado en los títeres una forma de resistir. La Casa de las Marionetas no solo preserva un oficio, sino que crea comunidad, despierta curiosidad y demuestra que el arte puede ser un motor de cambio incluso en los lugares más pequeños. En cada figura, en cada espectáculo y en cada visita late la convicción de que la creatividad es una forma de mantener vivo un territorio. Y en Palomera, gracias a Marisa y Fernando, esa creatividad tiene casa propia.