Esta escultura está situada en un lugar icónico, frente al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, un lugar lleno de esqueletos de animales. "La columna vertebral representan los datos que veríamos en una pantalla y hemos hecho unas costillas cada 10 años", explica Moneo. Es sin duda una forma muy peculiar de comprobar la evolución de la temperatura global desde la década de 1880.

Antonio Moneo nos explica el motivo de esta escultura: "Es una llamada de atención que hace que la gente se acerque a la escultura de una manera inocente pero preguntándose ¿qué es esto? y a partir de ahí les damos herramientas para que lo entiendan mejor". Uno de los trucos de la escultura es la última vértebra, que se deja vacía para que la gente pueda suponer de qué tamaño será al término de la década.