El doctor Jesús Vázquez, médico especialista en nutrición y miembro fundador de la Sociedad Española de Medicina Bioinmunogenética Celular, lo tiene claro: "No podemos comer igual en verano que en invierno". La razón va mucho más allá de apetecer un caldo caliente cuando bajan las temperaturas.
Lo que el frío exige al cuerpo
Cuando llega el invierno, el organismo se pone a trabajar de forma intensa para mantener la temperatura interior. Ese esfuerzo tiene un coste; un mayor consumo de energía y lo que el doctor Vázquez describe como "un trabajo metabólico brutal". El cuerpo prioriza los órganos vitales y deja en segundo plano el pelo, las uñas o la piel. Las manos se enfrían, la circulación se cierra hacia el interior y el metabolismo se dispara.
Todo ese trabajo genera residuos metabólicos, los llamados radicales libres, que en pequeñas dosis son inofensivos pero que en exceso empiezan a dañar las membranas de las células e impiden que se comuniquen correctamente entre ellas. La oxidación, en definitiva, pasa factura.
Qué necesita tu cuerpo en esta época
La respuesta a ese estrés oxidativo está en el plato. El doctor Vázquez apuesta en invierno por alimentos ricos en antioxidantes, con polifenoles y vitamina C, grasas saludables con omega-3 de efecto antiinflamatorio y una hidratación mayor de la que solemos recordar cuando hace frío.
Los carbohidratos son necesarios en esta época, son la fuente de energía más accesible para el organismo, pero con matices. Sí al arroz integral, la patata, las legumbres y las verduras. No al azúcar ni a los de absorción rápida, que generan picos de energía sin sustancia.
El gran olvidado: la vitamina D
Menos horas de luz significan menos exposición solar y, por tanto, niveles más bajos de vitamina D, una hormona esencial para que los linfocitos T, las células que identifican y eliminan los patógenos, funcionen correctamente. Sin ella, el sistema inmunitario trabaja con una mano atada a la espalda.
Para compensarlo, el especialista recomienda incorporar pescados azules, yema de huevo, lácteos enriquecidos, mariscos, setas y hongos. Junto con vitaminas A y C y minerales como el zinc y el selenio, forman el equipo que mantiene las defensas a punto durante los meses más duros del año.
El hígado, protagonista silencioso
El otoño, según el doctor Vázquez, es el momento en que el cuerpo pide limpieza para prepararse para el invierno. El protagonista de esa limpieza es el hígado; incorporar alcachofas, acelgas y espinacas durante los meses fríos ayuda a que este órgano trabaje con mayor eficiencia y el organismo llegue a la primavera en mejor estado. "Si seguimos el ritmo de la naturaleza en nuestra alimentación, es sencillo estar más sano", concluye el especialista. A veces la solución más efectiva es también la más antigua.
