El sedentarismo ha dejado de ser una simple falta de actividad para convertirse en uno de los enemigos más peligrosos de la salud pública moderna. Su impacto es silencioso pero profundo, afectando de manera directa no solo al sistema cardiovascular, sino también al centro de mandos de nuestro organismo: el cerebro.

Según explica el neurocientífico José Luis Trejo, director del Grupo de Estilo de Vida y Cognición en el Instituto Cajal del CSIC, el movimiento es el motor que potencia la conexión entre neuronas y mejora el estado de ánimo, actuando como un verdadero fármaco natural para nuestra salud mental.

El poder de los beneficios cognitivos

El impacto del ejercicio sobre la materia gris es múltiple y fascinante. En primer lugar, se produce un aumento real de la capacidad cognitiva al facilitar la sinapsis, que es la conexión esencial entre las neuronas. Este proceso, que ocurre con especial intensidad en el hipocampo, ayuda a mejorar la memoria y el aprendizaje, logrando efectos que los investigadores califican como pro-cognitivos. Básicamente, mantener el cuerpo activo nos hace más inteligentes al optimizar el funcionamiento de nuestras redes neuronales.

Más allá de la inteligencia, el ejercicio es un pilar fundamental para el bienestar emocional. Se ha demostrado que tiene un efecto ansiolítico y antidepresivo natural al ayudar a controlar el estado de ánimo desde la propia estructura cerebral. A esto se suma un aumento significativo de la irrigación sanguínea, especialmente en las áreas del cerebro que se encuentran más activas durante la tarea. Esto garantiza que nuestras neuronas reciban el oxígeno y los nutrientes necesarios para rendir al máximo nivel, evitando el estancamiento que produce pasar horas frente a una pantalla.

La estrategia de los snacks de ejercicio

Una de las grandes revelaciones de este estudio es que el mayor enemigo de la salud es el sedentarismo acumulado. Aunque alguien acuda al gimnasio o salga a correr durante una hora al día, si el resto del tiempo permanece sentado en una oficina, los beneficios para el cerebro se diluyen. Por este motivo, el investigador del CSIC defiende la implementación de los llamados snacks de ejercicio. Se trata de actividades muy breves, de apenas cinco minutos, que no buscan un entrenamiento exhaustivo, sino romper la inactividad física de manera constante.

Estos snacks consisten en gestos sencillos como subir dos pisos de escaleras, realizar unas sentadillas al lado de la mesa de trabajo o cualquier movimiento que aumente ligeramente la frecuencia cardíaca sin necesidad de llegar a sudar. La recomendación de los expertos es realizar estos breves paréntesis cada hora.

Está demostrado que interrumpir el sedentarismo de esta manera incrementa la salud general y cerebral de forma independiente al ejercicio deportivo que se haga a la semana, siendo una herramienta de prevención accesible para cualquier persona.

La moderación como clave del éxito

Es importante destacar que, en lo que respecta al cerebro, más no siempre significa mejor. Para que la actividad física sea realmente saludable a nivel neurológico, debe realizarse de forma equilibrada. Una duración de entre treinta y cuarenta minutos de ejercicio continuado es ideal, pero siempre bajo la premisa de que lo más importante es no permanecer sentado durante bloques de tiempo excesivamente largos.

En conclusión, el cerebro es un órgano diseñado para el movimiento. Integrar estas pequeñas dosis de actividad en nuestra rutina diaria no solo mejora nuestro rendimiento en el trabajo o en el estudio, sino que protege nuestra salud emocional y frena el envejecimiento neuronal.