El equipo analizó la predisposición genética a tener una mayor capacidad cardiorrespiratoria en población europea y la comparó con la aparición de 712 problemas de salud con información genética disponible. Según explica la investigadora Eleonora Fornara, los resultados permiten plantear "una potencial relación causa-efecto directa entre estar en forma y numerosas enfermedades", un paso relevante en un campo donde tradicionalmente se han observado asociaciones, pero no mecanismos causales tan claros.

Riesgos y beneficios

Los datos muestran que las personas con una mayor predisposición genética a estar en buena forma física presentan un riesgo más bajo de sufrir determinadas patologías cardiovasculares, entre ellas un tipo concreto de ictus isquémico. También se observan beneficios en parámetros clave como la rigidez arterial o la presión arterial diastólica, que tienden a ser más bajos en quienes cuentan con esta ventaja genética.

Pero el impacto no se limita al sistema cardiovascular. La investigación revela mejoras en múltiples áreas del organismo como un perfil metabólico más saludable, menos exceso de peso y grasa corporal, menor riesgo de diabetes tipo 2 y de asma, mejor salud ósea y una función hepática más favorable. Además, se detectan efectos positivos en marcadores relacionados con la coagulación y las plaquetas, así como en indicadores vinculados al rendimiento académico, lo que sugiere que la capacidad cardiorrespiratoria podría influir en procesos cognitivos y de aprendizaje.

Nuevas líneas de estudio

Los autores subrayan que estos hallazgos refuerzan la idea de que la forma física no solo es un indicador de salud, sino un factor que puede influir directamente en la aparición o prevención de enfermedades. Aun así, el estudio también confirma algunos efectos adversos ya descritos en personas que practican ejercicio de alta intensidad, como un mayor riesgo de fibrilación auricular o una presión arterial sistólica más elevada. Estos resultados no contradicen los beneficios globales, pero sí recuerdan que el ejercicio extremo puede tener efectos específicos que deben ser monitorizados.

En conjunto, la investigación aporta una visión más completa del papel de la capacidad cardiorrespiratoria en la salud y abre la puerta a nuevas líneas de estudio sobre cómo la genética y el estilo de vida interactúan para moldear el riesgo de enfermedad. Para los autores, el mensaje es claro, mejorar la forma física no solo ayuda a sentirse mejor en el día a día, sino que podría tener un impacto profundo y duradero en la salud a largo plazo.