Según explica el doctor Gonzalo Correa González, médico especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte y nuevo presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte, la falta de una recuperación adecuada puede frenar la mejora física, favorecer el sobreentrenamiento y multiplicar el riesgo de lesiones. "Entrenar más no es garantía de rendir mejor. Si no se respeta el descanso, el organismo se satura, aumenta el estrés fisiológico y la probabilidad de lesión es mucho mayor", señala.

El descanso también es entrenamiento

Tras una sesión de ejercicio, el cuerpo entra en un proceso complejo de adaptación. A nivel muscular, se produce fatiga y microlesiones en las fibras que necesitan tiempo para repararse y fortalecerse. Al mismo tiempo, el sistema nervioso permanece activado; durante el esfuerzo predomina el sistema simpático, responsable del aumento de la frecuencia cardiaca, la respiración y el flujo sanguíneo hacia los músculos.

"La mejora real no ocurre mientras entrenamos, sino cuando el cuerpo asimila ese trabajo durante el descanso", explica el especialista. Si ese proceso se interrumpe por una carga excesiva o una recuperación insuficiente, el organismo permanece en un estado de estrés continuo que impide progresar y aumenta el riesgo de sobreentrenamiento.

¿Descansar es no hacer nada?

Lejos de asociarse únicamente a la inactividad, el descanso puede ser activo. La evidencia científica demuestra que la recuperación mediante ejercicio suave favorece el retorno a los niveles fisiológicos previos al esfuerzo, mejora la eliminación de metabolitos y reduce la sensación de fatiga. Actividades de baja intensidad, como caminar, nadar suavemente o realizar movilidad articular, ayudan al cuerpo a recuperarse sin añadir una carga extra. "La clave está en ajustar la intensidad y el volumen, no en sumar más esfuerzo", apunta Correa González.

Para ello, el especialista destaca la importancia de individualizar el entrenamiento y la recuperación. Herramientas como la prueba de esfuerzo con análisis de gases permiten conocer parámetros como el consumo máximo de oxígeno o los umbrales aeróbico y anaeróbico, datos que facilitan una planificación más precisa y segura.

Señales de alerta que no conviene ignorar

El cuerpo suele avisar cuando no está recuperándose bien. Dificultad para conciliar el sueño, aumento de la frecuencia cardiaca en reposo, bajo rendimiento, fatiga persistente o sensación constante de cansancio son algunos de los signos más habituales. En mujeres en edad fértil, incluso pueden aparecer alteraciones del ciclo menstrual, como la amenorrea. Ignorar estas señales y continuar entrenando con la misma intensidad puede agravar el problema y cronificar el sobreentrenamiento, dificultando la recuperación a largo plazo.

Para quienes quieren iniciarse o mantenerse activos sin poner en riesgo su salud, el experto insiste en priorizar la constancia frente a los excesos puntuales. Elegir una actividad que resulte motivadora mejora la adherencia y reduce el abandono. Además, realizar un reconocimiento médico deportivo previo permite conocer el punto de partida y minimizar el riesgo de lesiones.

En definitiva, el mensaje es claro, escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de descanso y entender la recuperación como parte del entrenamiento no solo mejora el rendimiento, sino que protege la salud.